¿Tus decisiones son racionales o emocionales?

. 19 de mayo de 2016

¿Eres de los que siempre sopesan bien las cosas y te apoyas en datos objetivos a la hora de tomar decisiones en el entorno profesional? Quizá te sorprenda saber que la mayoría de tus decisiones son, fundamentalmente, emocionales.

Madrid, 12 de mayo de 2016. El Centro de Estudios del Coaching (CEC), la escuela de formación en Coaching, liderazgo y consultoría de empresas, ha emitido una serie de reflexiones sobre los caminos más habituales en la toma de decisiones dentro de las empresas. ¿Qué pesa más, lo racional o lo emocional? Cuándo nos dejamos guiar por la intuición, ¿somos conscientes de ello? ¿Estamos seguros de que lo que creemos racional y objetivo realmente lo es?  EL CEC pone en una balanza todos estos factores para dilucidar si los directivos actúan con la cabeza o con el corazón a la hora de tomar decisiones importantes. Aprovecha además para examinar algunos clichés acerca del componente emocional en la actividad profesional. 

“Nuestro cerebro tiene una importante base emocional. La neurociencia nos dice que las emociones están en la base de la toma de decisiones.  Si queremos elegir de una manera más libre, tenemos que aprender a gestionar mejor nuestro mundo emocional”, señala José Manuel Sánchez, socio director del Centro de Estudios del Coaching. Este especialista apela a la observación y al autoconocimiento del directivo como única fórmula de equilibrar ambos elementos. 

RACIONAL VS. EMOCIONAL: NUEVE REFLEXIONES 

1.- Venimos de una cultura que ensalza la razón y sanciona la emoción como un estorbo para el ser humano. Pero no es así. Lo queramos o no somos seres emocionales y tomamos decisiones desde lo que sentimos. El buen líder no es aquel que permanece con la cabeza fría mientras el resto entra en pánico, sino la persona que siente como los demás, es consciente de sus emociones, las gestiona y toma las decisiones (correctas) más conscientes y libres a partir de ellas. 

2.- Creemos que es racional pero no lo es. A menudo basamos nuestras decisiones en criterios aparentemente objetivos que en realidad no lo son. Objetivos son los datos y los hechos, pero nunca la interpretación o deducción que hagamos de ellos. Si pienso que debo invertir en Bolsa porque “hay una tendencia alcista”, eso es una decisión emocional a partir de unos datos (racionales) que me sirven como indicadores. 

3.- Todas las decisiones son primero emocionales. Crear una empresa, arrancar un proyecto o montar un equipo de trabajo no sería posible sin un impulso emocional que ponga en marcha esos proyectos. La acción requiere emoción. 

4.- Nuestras emociones están íntimamente conectadas con nuestras acciones. Hasta tal punto de que nos es prácticamente imposible actuar de un modo diferente al que nos marca la emoción de ese momento. Si acudimos a una negociación cargados de rencor o enfado, no habrá negociación posible. De ahí que nos convenga adaptar nuestro estado de ánimo antes de una reunión o encuentro importante. 

5.- El problema viene cuando las emociones toman el control. La gran dificultad está en ser consciente de esas emociones. Cuando no las tenemos identificadas nos dejamos llevar por ellas, nos secuestran y nos impiden decidir en libertad. 

6.- La emoción que más nos condiciona es el miedo. El miedo es el gran enemigo de la innovación o la creatividad, nos incapacita para abordar cualquier decisión que implique riesgo y acaba por inmovilizarnos completamente. El cuerpo nos pide replegarnos mientras que la razón nos dice que tenemos que arriesgar para salir adelante. En este escenario, mucho más habitual de lo que nos gusta reconocernos a nosotros mismos, lo primero es reconocer la emoción del miedo y gestionarla evitando que nos controle. 

7.- El líder ha de evitar que sus miedos se proyecten al equipo, ya que seguramente solo logrará contagiarle y acabar incapacitándolo. Esta transferencia del miedo es relativamente común en mandos intermedios, para los que la presión desde la cúpula directiva y desde las bases de la empresa son constantes. 

8.- Las emociones llamadas positivas también pueden hacernos caer en automatismos y deben ser también gestionadas. Así las emociones como el entusiasmo, la ilusión, la serenidad o la confianza son fundamentales y necesarias para tomar determinadas decisiones en muchos momentos, sin embargo también hay que tomar un poco de distancia de estas emociones positivas ya que nos pueden llevar, en algunas ocasiones, a emprender acciones temerarias. 

9.- Entrar en contacto con nuestras emociones y ser capaz de gestionarlas servirá para  tomar cierta distancia respecto a ellas.  Ese espacio nos permitirá analizar todas las opciones desde un punto de vista menos afectado emocionalmente y, por tanto, más racional. La clave está en salir de los automatismos emocionales para adquirir una visión renovada y más amplia. 

Sobre CEC (Centro de Estudios del Coaching)

El Centro de Estudios del Coaching es una organización especializada en Coaching que trabaja desde sus orígenes en dos líneas de negocio. La primera enfocada a la formación en coaching, ofreciendo programas propios a personas interesadas en promover su desarrollo personal y profesional a través de esta metodología. La segunda línea de negocio del CEC mira al mundo de la empresa y desarrolla acciones a medida en las áreas del liderazgo, cultura corporativa, coaching de equipos o transformación de cultura corporativa.

Liderado por Miriam Ortiz de Zárate y José Manuel Sánchez, el CEC es además un foro abierto en el que se habla y comparte acerca de desarrollo personal y profesional. Sus ciclos de conferencias y espacios de debate, de carácter gratuito, constituyen a día de hoy un auténtico referente y son seguidos por una comunidad de más 2.000 profesionales.

¿Tus decisiones son racionales o emocionales?

·  ¿Eres de los que siempre sopesan bien las cosas y te apoyas en datos objetivos a la hora de tomar decisiones en el entorno profesional? Quizá te sorprenda saber que la mayoría de tus decisiones son, fundamentalmente, emocionales.

Madrid, 12 de mayo de 2016. El Centro de Estudios del Coaching (CEC), la escuela de formación en Coaching, liderazgo y consultoría de empresas, ha emitido una serie de reflexiones sobre los caminos más habituales en la toma de decisiones dentro de las empresas. ¿Qué pesa más, lo racional o lo emocional? Cuándo nos dejamos guiar por la intuición, ¿somos conscientes de ello? ¿Estamos seguros de que lo que creemos racional y objetivo realmente lo es?  EL CEC pone en una balanza todos estos factores para dilucidar si los directivos actúan con la cabeza o con el corazón a la hora de tomar decisiones importantes. Aprovecha además para examinar algunos clichés acerca del componente emocional en la actividad profesional.

“Nuestro cerebro tiene una importante base emocional. La neurociencia nos dice que las emociones están en la base de la toma de decisiones.  Si queremos elegir de una manera más libre, tenemos que aprender a gestionar mejor nuestro mundo emocional”, señala José Manuel Sánchez, socio director del Centro de Estudios del Coaching. Este especialista apela a la observación y al autoconocimiento del directivo como única fórmula de equilibrar ambos elementos.

RACIONAL VS. EMOCIONAL: NUEVE REFLEXIONES

1.- Venimos de una cultura que ensalza la razón y sanciona la emoción como un estorbo para el ser humano. Pero no es así. Lo queramos o no somos seres emocionales y tomamos decisiones desde lo que sentimos. El buen líder no es aquel que permanece con la cabeza fría mientras el resto entra en pánico, sino la persona que siente como los demás, es consciente de sus emociones, las gestiona y toma las decisiones (correctas) más conscientes y libres a partir de ellas.

2.- Creemos que es racional pero no lo es. A menudo basamos nuestras decisiones en criterios aparentemente objetivos que en realidad no lo son. Objetivos son los datos y los hechos, pero nunca la interpretación o deducción que hagamos de ellos. Si pienso que debo invertir en Bolsa porque “hay una tendencia alcista”, eso es una decisión emocional a partir de unos datos (racionales) que me sirven como indicadores.

3.- Todas las decisiones son primero emocionales. Crear una empresa, arrancar un proyecto o montar un equipo de trabajo no sería posible sin un impulso emocional que ponga en marcha esos proyectos. La acción requiere emoción.

4.- Nuestras emociones están íntimamente conectadas con nuestras acciones. Hasta tal punto de que nos es prácticamente imposible actuar de un modo diferente al que nos marca la emoción de ese momento. Si acudimos a una negociación cargados de rencor o enfado, no habrá negociación posible. De ahí que nos convenga adaptar nuestro estado de ánimo antes de una reunión o encuentro importante.

5.- El problema viene cuando las emociones toman el control. La gran dificultad está en ser consciente de esas emociones. Cuando no las tenemos identificadas nos dejamos llevar por ellas, nos secuestran y nos impiden decidir en libertad.

6.- La emoción que más nos condiciona es el miedo. El miedo es el gran enemigo de la innovación o la creatividad, nos incapacita para abordar cualquier decisión que implique riesgo y acaba por inmovilizarnos completamente. El cuerpo nos pide replegarnos mientras que la razón nos dice que tenemos que arriesgar para salir adelante. En este escenario, mucho más habitual de lo que nos gusta reconocernos a nosotros mismos, lo primero es reconocer la emoción del miedo y gestionarla evitando que nos controle.

7.- El líder ha de evitar que sus miedos se proyecten al equipo, ya que seguramente solo logrará contagiarle y acabar incapacitándolo. Esta transferencia del miedo es relativamente común en mandos intermedios, para los que la presión desde la cúpula directiva y desde las bases de la empresa son constantes.

8.- Las emociones llamadas positivas también pueden hacernos caer en automatismos y deben ser también gestionadas. Así las emociones como el entusiasmo, la ilusión, la serenidad o la confianza son fundamentales y necesarias para tomar determinadas decisiones en muchos momentos, sin embargo también hay que tomar un poco de distancia de estas emociones positivas ya que nos pueden llevar, en algunas ocasiones, a emprender acciones temerarias.

9.- Entrar en contacto con nuestras emociones y ser capaz de gestionarlas servirá para  tomar cierta distancia respecto a ellas.  Ese espacio nos permitirá analizar todas las opciones desde un punto de vista menos afectado emocionalmente y, por tanto, más racional. La clave está en salir de los automatismos emocionales para adquirir una visión renovada y más amplia.

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