Serendipity: la magia de la sincronicidad

. 10 de julio de 2017

Elena Rabadán

Cada uno tiene una filosofía de vida, y la mía, desde hace mucho tiempo, tiene nombre. Se llama Serendipity.

Aunque así de entrada parezca un trabalenguas, como buena palabra mágica, necesita ese resonar de onomatopeya, como abracadabra o supercalifragilisticoespialidoso.

Que levante la mano todo aquel que ha dicho “¡chispas!” de niño al nombrar a la vez una palabra o tener un mismo pensamiento. Serendipity es ese hallazgo fortuito, afortunado e inesperado que se obtiene de varios hechos a la vez y con una relación entre ellos. Es esa “milagrosa coincidencia” que no tiene nada de casual, ya que implica una conexión con el Universo.

Serendipity apareció en mi vida tras ver la película, pero sólo para regalarme el nombre, ya que el mundo de las casualidades dirigidas lo venía experimentando, incluso teorizando, con amigas y un cafetito por delante. Siempre he defendido que el camino de nuestra vida tiene diferentes atajos, puentes, pasadizos subterráneos y señales para no perdernos. Que el destino se encarga de recordarnos las reglas del juego mediante sutiles mensajes en cada esquina, pero que sólo los percibimos si sintonizamos correctamente el dial.

Esas miguitas de pan que marcan nuestros pasos, las que te indican el camino a seguir, no aparecen solas, hace falta tener los ojos bien abiertos para decidir qué puertas abrir y cuáles cerrar, con qué actitud vas a afrontar el recorrido, si vas a disfrutar del viaje o vas a ser un simple observador, qué papel vas a ejercer para acompañar al destino. Es necesario estar atento a esos guiños, porque ahí es donde radica la clave de la “suerte”.

Y después de años de clases magistrales de domingo, de risas y teoremas diluidos en gin tonics, de fórmulas magistrales para descifrar el Universo, descubro que mi Serendipity tiene un nombre mucho más sofisticado, aunque menos musical, y se llama Sincronicidad.

Empieza a adquirir profundidad y a cubrirse de la ciencia que tienen los tecnicismos, y deja de ser una pareja de neoyorquinos enamorados serendipiteando con el destino, para convertirse en toda una filosofía, la esencia de mi mandala, la sincronización en la creación de felices y positivas “casualidades”, el aprendizaje inconsciente de un camino productivo a tus deseos.

Así, la intuición, entendida como pista subconsciente de la realidad, se convierte en una poderosa arma de validación, que con la práctica, nos potencie hacia nuestros objetivos, y acelere los engranajes aquello que proyectes. Y recuerda tener cuidado con aquello que visualizas, porque se puede cumplir.

Es entonces cuando términos como suerte, intuición, coincidencia, instinto, chiripa, casualidad… toman sentido si las usamos como sinónimo de Sincronicidad. Y el lenguaje y la visualización pasan a ser las varitas del final feliz, las llaves de tus objetivos, las herramientas de los pupilos del éxito.

Serendipity para mí no es sólo una teoría, es el alma de una filosofía que consigue empoderarte y programarte para buscar las claves de tu viaje. No puede ser simple coincidencia que un grupo a priori tan heterogéneo de doce personas se haya reunido en torno a un programa de coaching. No puede ser casualidad, pero sí sincronicidad.

“Cuando deseas algo, todo el universo conspira para que lo consigas”.Paulo Coelho

Elena Rabadán del Sol,
Coach CORAOPS

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