Reflexión sin acción es vida sin vocación

. 30 de mayo de 2017

Por Roberto Celaya Figueroa 

Las decisiones que uno toma en la vida no garantizan necesaria y forzosamente que todo saldrá bien, que todo saldrá como lo pensamos, pero quiero suponer que esas decisiones serán mejores que aquellas que tomásemos sin la reflexión requerida.

Las decisiones nos acompañan toda nuestra vida. Cada momento, cada instante de nuestra vida no son más que un cúmulo de opciones antes las cuales decidimos. Hay opciones simples, sencillas, de corto alcance, pero hay otras sumamente complicadas por todo lo que implican y de una trascendencia que prácticamente define nuestra vida.

Obvio que para las primeras decisiones, para las sencillas, las cotidianas, es mínimo el tiempo de reflexión que les destinamos, pero las otras, las trascendentales, pareciera que en ocasiones nunca termina el proceso de evaluar las opciones que tengamos.

La reflexión es una capacidad que nos hace único a los seres humanos por el aspecto multi-dimensional que representa. Obvio que los animales también toman decisiones, básicas e instintivas, pero decisiones al fin. Pero en el caso de las personas nuestras decisiones incluyen aspectos intelectuales, emocionales e incluso espirituales que sobrepasan con mucho las decisiones que un animal pudiese tomar.

Pero por más loas que podamos levantar a las reflexiones que en nuestra vida experimentamos, una cosa hay que tener clara y es que la reflexión es un proceso, no un fin. El fin es la decisión. ¿Por qué esta aclaración? Porque hay personas que prácticamente se congelan en la reflexión sin animarse a dar el paso final que conlleve a la acción.

Nunca podremos tener la seguridad de que alguna decisión que vayamos a tomar vaya a ser tal cual la hemos pensado, pero eso no debe detenernos a, una vez sopesadas las opciones, tomar una decisión y dar el paso hacia la acción.

En este entendido podemos ver que siempre existirá el riesgo. Riesgo de caer, riesgo de perder, riesgo de fallar, pero al menos también existe esa probabilidad de éxito. Caso contrario cuando uno nunca se lanza a la acción y que la reflexión queda en meras imaginaciones y ensueños.

Ante las diferentes opciones que la vida te presenta, sobre todo aquellas de mayor trascendencia para tu caminar, tómate el tiempo necesario para reflexionar, para evaluar, para sopesar lo que tienes ante ti, pero no te olvides de dar el paso final a la ejecución, después de todo reflexión sin acción es vida sin vocación

 

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial – Gestión Universitaria – Liderazgo Emprendedor
www.rocefi.com.mx

 

 

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