Quien no se arriesga por no perder, lo único que asegura es no ganar

. 5 de septiembre de 2017

Por Roberto Celaya Figueroa 

En muchas ocasiones en nuestra vida deberemos de tomar decisiones que conllevan algún riesgo, ese riesgo siempre implicará, sí, el perder, el fallar, el no lograr algo, pero también, y esto no hay que perderlo de vista, el ganar, el alcanzar, el conseguir lo que uno desea.

“¿Y si fracaso?, ¿y si no resulta?, ¿y si me equivoco?”, a lo mejor te suenan estas frases ya que en alguna ocasión en la vida de todos llegamos a escucharlas, sino audiblemente, al menos de manera cognitiva o emocional ante los riesgos que implica intentar algo en nuestra vida.

Estamos hechos de una manera formidable y la precaución ante la vida es una manera de protegernos. Si no tuviéramos esa configuración, ¿te imaginas todos los actos riesgosos que intentaríamos al grado de poner incluso en riesgo nuestra existencia?  Ahora bien, una cosa es ser precavidos y otra muy distinta vivir presos del miedo.

Imagínate vas a salir en un viaje en auto. Obvio existe el riesgo de que se reviente un neumático, ¿verdad?, pero eso no te detiene. Revisas lleves llanta de refacción, gato hidráulico, cruceta e incluso si puedes una bomba de aire para cualquier contingencia y te vas de viaje. Muy distinto de alguien que viendo ese riesgo optase por mejor quedarse en casa.

Igual pasa en tu vida. Las metas, sueños y objetivos que te planteas es más que evidente que tiene algún riesgo, por lo menos el riesgo de no lograr lo que uno se propone. Pero, veamos el ejemplo del auto. El que tomo las precauciones se fue de viaje. El que se quedó en casa no salió. ¿Cuál de los dos tiene más probabilidad de llegar a su destino?

Aunque la pinchadura de un neumático es algo real, no quiere decir que fatídicamente así vaya a ser por lo que a lo mejor no pasa, e incluso en el caso de que pase puede ser resuelto por las precauciones que se tomaron. Pero el que no salió y optó ante el riesgo quedarse en casa es más que claro que nunca jamás llegará a su destino.

Riesgo hay en la vida pero el no intentar nada, sobre todo lo que es valioso para tu crecimiento personal te garantizará únicamente el estancamiento, el no avanzar, el no conseguir lo que te propones, el no crecer.

“Pero, ¿y si no lo logro?” –tal vez digas. Pues no lograrías la meta, el sueño, el objetivo propuesto, pero al menos por haberlo intentado algo en ti cambiaría en tu carácter, tu decisión, tu fuerza, tu entereza. Así que visto de este modo ni siquiera en caso de no lograr lo que te propongas podríamos hablar propiamente dicho de un fracaso.

Ante las opciones que nos presenta la vida de correr o no los riesgos que el ir en pos de nuestras metas, sueños y objetivos implica, hay que tener muy en mente que quien no se arriesga por no perder, lo único que asegura es no ganar.

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial – Gestión Universitaria – Liderazgo Emprendedor
www.rocefi.com.mx

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