Si no has logrado lo que crees merecer, revisa que no sea porque no has luchado lo suficiente

. 20 de noviembre de 2017

Roberto Celaya Figueroa 

La vida es lucha, una lucha que es la evidencia de la constancia, la disciplina, el esfuerzo y la pasión que imprimimos en nuestro andar. Esta lucha en ocasiones trae los frutos que buscamos, aunque en otras ocasiones nos deja insatisfechos con los resultados. Si bien esto último puede deberse a factores externos, hay que estar seguros que no sea por no luchar lo suficiente.

En nuestro caminar por la vida podremos o no lograr aquello que nos propongamos. Este lograr o no lo que nos propongamos puede deberse a factores externos que exceden con mucho nuestra capacidad de control, contención o manipulación. Sobre estos no podemos hacer nada, salvo seguir avanzando.

Pero hay otros factores sobre los que sí tenemos ascendencia y que son precisamente esos factores internos, que nos pertenecen: nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestra espiritualidad.

Dada la premisa de que sobre los primeros factores no podemos hacer mucho, mientras que sobre estos últimos sí, llegamos a la conclusión de que luego entonces es sobre los segundos sobre los que debemos concentrar nuestra energía.

Es muy fácil, incluso hasta agradable, el echar la responsabilidad de una meta no alcanzada a los factores externos, pero siendo honestos lo primero que hay que analizar es si de nuestra parte hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para lograr aquello que nos habíamos propuesto.

Pero este análisis, si bien es bueno hacerlo cuando llegamos al final de un camino, al final de nuestra lucha, para ver si conseguimos o no lo que queríamos y el por qué conseguimos o no eso, es aún más provechoso cuando lo hacemos sobre la marcha, en el camino mismo, ¿por qué? porque todavía estamos a tiempo de hacer las correcciones necesarias en nuestro andar para conseguir la meta, el sueño, el objetivo planteado, si es que está en  nosotros algo de la lucha que aún no hemos dado.

Una actitud madura, y por ende más provechosa, es aquella que en vez de andar buscando responsabilidades externas –que más bien llamaría justificaciones ajenas-, busca ver qué se ha hecho mal –o mejor aún: que se está haciendo mal- para corregir nuestro andar con la intención de alcanzar lo que nos hemos propuesto.

No niego que en ocasiones no podremos alcanzar lo que nos planteemos, a veces eso no depende de uno, pero cuando sí depende entonces hay que ser honesto y ver qué es lo que nos falta por hacer, en otras palabras, si no has logrado lo que crees merecer, revisa que no sea porque no has luchado lo suficiente.

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial – Gestión Universitaria – Liderazgo Emprendedor
www.rocefi.com.mx

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