Un líder nunca exige de sus seguidores más de lo que él mismo da, pero si les exige más de lo que ellos pueden dar

. 10 de octubre de 2017

 Roberto Celaya Figueroa

La palabra liderazgo es una palabra fascinante, seductora, atrayente. Todos quisieran ser líder pues ello conlleva un reconocimiento social o comunitario, pero, así como el liderazgo implica un reconocimiento, también lleva aparejadas grandes responsabilidades.

Cuando uno habla de liderazgo no debe confundir ese término con la autoridad formal y jerárquica que le da a una persona un puesto organizacional o institucional, el líder goza de un reconocimiento en muchas ocasiones informal otorgado por las personas que lo conocen y que le reconocen su quehacer, pero sobre todo su congruencia. Una vez leí una reflexión entre las diferencias entre un jefe y un líder, entre las muchas que se señalaban venía una que señalaba a que “el jefe empuja al grupo, mientras que el líder va al frente”

Ser líder más que un privilegio es una gran responsabilidad pues implica que el líder tiene influencia sobre las decisiones y acciones de las personas, y por ende, sobre sus vidas.  En ese sentido podemos pensar también en la gran oportunidad que tiene el líder de influir positivamente en la vida de las personas, una de estas reflexiones es el papel que como tal juegan ambos actores.

Una de las principales características valorativas del líder es precisamente su congruencia, una congruencia entre lo que piensa, siente, dice y hace. Es así como el líder siempre da ejemplo de lo que debe hacerse, no está por debajo de las expectativas que él mismo genera sino que demuestra la forma en que pueden conseguirse, es por ello que un líder nunca busca que sus seguidores den lo que el mismo no da. Al contrario, una máxima dice que el líder siempre da más que lo que espera de sus seguidores, ¿y eso por qué? por la simple y sencilla razón de que, como líder, va al frente del grupo en el camino hacia los logros de las metas y objetivos y solo por eso, por ir al frente, siempre debe ir marcando la pauta de las acciones, por lo que va unos pasos delante.

Pero de la misma forma, y para que el grupo avance, el líder debe, como su misma definición lo señala, motivar a sus seguidores a avanzar no solo en la consecución de las metas sino en sus mismos proyectos de vida, es por ello que el líder lo que sí espera y motiva de sus seguidores es que siempre den más de lo que son en un momento dado, de otra forma no habría avance sino estancamiento.

Ahora bien, y esta es la parte interesante, uno puede ser líder, de hecho todos podemos ser líderes, al menos de nuestra propia vida. Y es así que cuando se da ese liderazgo personal, a veces ganado con esfuerzo pero luego reconocido naturalmente, que los demás podrán ver en cada uno de nosotros actitudes y valores que les permitan avanzar en sus proyectos de vida.

Como conclusión de ello podemos decir que el liderazgo no se acota ni se termina en las cuestiones sociales, políticas o empresariales, sino que permea toda nuestra vida haciéndonos ejemplos vivientes del mundo en que deseamos vivir y que con nuestras acciones día a día construimos, en ese sentido recuerda: un líder nunca exige de sus seguidores más de lo que él mismo da, pero si les exige más de lo que ellos pueden dar.

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial – Gestión Universitaria – Liderazgo Emprendedo
www.rocefi.com.mx

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