“La Resiliencia se funda en el Amor y en la Interacción”

. 1 de septiembre de 2015

Entrevista a María Angélica Kotliarenco, Investigadora en Resiliencia:

“Una infelicidad no es nunca maravillosa. Es un fango helado, un lodo negro, una escara de dolor que nos obliga a hacer una elección: someternos o superarlo. La Resiliencia define el resorte de aquellos que, luego de recibir el golpe, pudieron superarlo” (Boris Cyrulnik). 

Por Fernando Véliz Montero (Chile) 

 

PALABRAS PARA LA VIDA 

Hace muchos años atrás, estando en el colegio, un profesor me dijo… “existen películas, libros, canciones y palabras que definitivamente te pueden cambiar la vida”. Y bueno, ese profesor tenía razón: hubo películas, libros, canciones y palabras que me cambiaron la vida, y doy gracias por eso. Entre las palabras transformadoras con las que me fui topando a lo largo de los años, hubo una que definitivamente mantiene -y mantendrá siempre- una prioridad: Resiliencia. 

¿Y qué es la Resiliencia? Si tuviésemos que definir la Resiliencia, podríamos decir que ésta se funda en las zonas iluminadas del ser humano. Es decir, se valida desde las fortalezas, certezas y potencialidades que todos de una u otra forma poseemos. Frente a este estrés inminente y demoledor que para muchos puede arreglar la derrota, para otros concluye en una experiencia de fortalecimiento y desarrollo. De esta forma la Resiliencia nos invita a pensar en la flexibilidad que todos tenemos, como un elemento básico de adaptación a un entorno incierto. La Resiliencia, esta capacidad para enfrentar, elaborar y superar las crisis, es hoy un tema de estudio en los diversos campos del conocimiento en el mundo entero (salud, educación, economía, ciencias entre otros). 

Este concepto se podría definir como un término nuevo, con pocas décadas de existencia, por lo mismo todos los días nuevas preguntas nos sorprenden con la frescura de la búsqueda honesta. María Angélica Kotliarenco, Doctora en Filosofía con mención en Desarrollo Infantil (Universidad de Londres) y Psicóloga (Pontificia Universidad Católica de Chile), ha dirigido en Chile por casi treinta y cuatro años, un centro especializado en la educación de la Resiliencia (Ceanim, Centro de Estudios y Atención del Niño y la Mujer). Para esta destacada experta internacional, la Resiliencia se da en sociedades completas, en familias, en instituciones, escuelas y en personas que viven situaciones de adversidad. 

María Angélica, cuéntanos sobre el origen de la Resiliencia…

Muchos autores en las primeras décadas en que se habló de Resiliencia, la definían como un rasgo, es decir, que era estable y permanente en la vida. A poco andar con los estudios fundamentalmente anglosajones, comenzó la Resiliencia a describirse y a caracterizarse como un proceso dinámico e interactivo que trata fundamentalmente de aquellos  individuos, familias y sociedades que son capaces de transformar, elaborar aquello vivido, percibido como dolor, como adversidad, que se refleja en la sensación de estrés.

Comprender lo que pasó, tener la capacidad de entender el escenario de dolor, elaborar ése dolor y transformarlo en un comportamiento conducente a un mayor bienestar, ¡ése es el desafío de la Resiliencia!

¿Cómo calza la felicidad en este proceso transformador?

Aquí hay una discusión bastante aguda. Algunos plantean que la Resiliencia significa superar la adversidad y el dolor, y que esto se alcanza vía, “transformación para la felicidad”. Nosotros como institución, y yo en lo personal, siguiendo el discurso de Boris Cyrulnik (destacado autor en estas materias), más que hablar de felicidad en este proceso transformacional, trabajamos desde la perspectiva de “mejorar la calidad de vida de las personas”, es decir, alcanzar un mayor nivel de bienestar consigo mismo a través de la consecución del objetivo de vida planteado. Sin embargo, la evidencia empírica muestra que no es así.

¿Y en qué consiste este proceso transformacional?

Se pensaba que solo algunas personas poseían la capacidad espontánea de planificar y definir objetivos para su viva. Las posibilidades están, y esta búsqueda transformadora lo que persigue es alcanzar un mejor vivir, experimentar mayores satisfacciones a partir de logros, esto con posterioridad a haber alcanzado objetivos claros.

El Teólogo Belga, Stefan Vanistendael, autor de “La felicidad es posible”, en estos años ha desarrollado fuertemente la postura de la felicidad. Esta perspectiva difiere en algunas formas con la de Boris Cyrulnick (Patitos feos, La vergüenza, etc.), quien plantea que más que felicidad el desafío es generar una mejor vida, con óptimos niveles de satisfacción, los que son necesariamente distintos de una persona a otra y la sensación es subjetiva. Sobre estos temas hay múltiples miradas, pero pese a esta diversidad de criterios sí aparecen denominadores comunes: adversidad, cambio, consecución de metas, calidad de vida o satisfacción y/o felicidad. Todas estas dimensiones vistas desde la perspectiva cognitiva clásica, en tiempos pasados, no hubiesen sido aceptadas con facilidad. Estos conceptos requieren de una elaboración mayor, de una elaboración de los significados, de los contenidos (dolor, adversidad, etc.)… y para eso antes debo percibirlos, debo saberlos leer, debo comprender cuál es el impacto que ellos tienen en mi vida, y cómo cognitiva y emocionalmente los puedo transformar, ver las formas, las alternativas para así continuar. 

 
Claramente la adversidad es más que un concepto…

Cuando yo te decía que era necesario detenerse en el concepto de adversidad, lo que quería decir es que la adversidad es un adjetivo, y como tal, subjetivo. Cada uno de nosotros, desde “si” tiene una interpretación sobre la adversidad. Muchos piensan que viven en la adversidad, otros no logran percibirla y/o declaran no vivir en ella.

¿Piensas que falta rigor científico para comprender estos fenómenos?

Pienso que hoy la Neurociencia resulta ser un camino magnifico  para analizar estos temas. Esta disciplina, a través de evidencias empíricas, logra dar mayor claridad a fenómenos a primera vista subjetivos.

El investigador Allan Schore (UCLA) describe el  desarrollo humano de una forma que a mí me parece muy clara y explicativa. A diferencia de otros investigadores, este académico argumenta que “el desarrollo humano es un “proceso psico-bio-neurofisiológico y endocrino”. Un ejemplo, si yo percibo un estímulo, por ejemplo cruzar la calle y cruzarme con mi primer amor, después de haberme cruzado con él, se lo contaré a una amiga, y le diré: ¡mira lo que me pasó!, crucé la calle y me topé con equis persona… le contaré que esa experiencia me estresó desde la sorpresa. Le explicaré que esa experiencia me emocionó… o que me enrabié. Lo más seguro es que mi amiga me dirá, ¿y tú cómo sabes que sentiste lo que dices haber sentido? Yo le diré que porque sentí maripositas en el estómago (expresión cultural), también sentí transpiración en mis manos, en la frente, también le diré que mi corazón se aceleró (taquicardia) y me temblaron las piernas, etc. Gracias a estos estímulos y reacciones entiendo la emoción que estoy viviendo.

Todos estos temas hoy están siendo analizados desde los diversos campos del conocimiento, uno de estos -y el que me tiene fascinada- es la neurociencia. Actualmente la Neurociencia nos está dando evidencias empíricas indiscutibles, respecto a lo que son las emociones, ¿qué es el dolor o el estrés? Por ejemplo, hay un autor que ha profundizado en estas materias, y que plantea que el estrés es una sensación y que todos la vivimos. Un ejemplo, yo tengo estrés, yo siento estrés, siento taquicardia, transpiro helado… pero para esas reacciones no hay una definición concreta. En el pasado se decía, ¡esa señora se puso histérica!, pero lo único claro es que no existe una definición clara sobre el estrés.

María Angélica, ¿cuál es el impacto que ha generado en ti la Neurociencia que hoy te ha desafiado a publicar?

Te cuento, me atrevo ahora a sacar un libro sobre Resiliencia y no hace unos años atrás, porque hoy tengo cómo demostrar empíricamente a través de la neurociencia cómo se manifiesta el dolor en los seres humanos, o cómo se manifiesta la felicidad. Que tú puedas tomar el cortisol (hormona del dolor) en una muestra sanguínea y/o que puedes tomar el nivel de serotonina (hormona de la felicidad)… ¿qué más científico que eso?

Con estas prácticas, con estos nuevos conocimientos resulta posible rebatir a quienes sostenían que estos conceptos (Resiliencia) no significaban nada. Los más críticos en esos tiempos eran los psicólogos, quienes decían que todo esto eran “puros suspiros”. Hoy resulta desfasado denominar estos conocimientos como “suspiros”.

¿Puede ser entonces que la Neurociencia lo que está haciendo hoy, es despertarnos y acercarnos con certezas frente a un comportamiento resiliente?

Lo que tú me señalas, es una discusión fuerte que tuvimos aquí en Chile, cuando “importé” el concepto de Resiliencia decían: “La Angelica habla de algo que ya todos sabemos”. Para mí la gracia de la Resiliencia es que le da presencia a un conocimiento compartido, conocimiento que previamente no tenía sustento.

En CEANIM hemos trabajado siempre “con” niños de escasos recursos, sus familias y comunidades. Porque desde los inicios tuvimos implícitamente el conocimiento, la fe y la esperanza que la acción que estábamos realizando se iba a transformar en un crecimiento para el otro (los niños y niñas). Nuestro amor, nuestra estimulación, nuestra lealtad a la creencia (fe ciega) nos ha impulsado en estos años a trabajar en la adversidad, a sembrar una semilla de esperanza y de posibilidades de paliar o hacer más “vivible” la adversidad. Hoy esta experiencia acumulada la llamamos: Promoción de Prácticas de Resiliencia. Nosotros en Ceanim siempre decimos: ¡tú puedes, tú eres, tú sientes, yo apuesto por ti!

¿Sabes?, muchas veces la gente me pide que le resuma el significado de la Resiliencia en dos palabras, y les digo: la Resiliencia se funda en el amor y en la interacción. El desafío es que desde estas dos dimensiones podamos irnos a la acción.  

Existen prejuicios sobre la Resiliencia, ¿será que estos prejuicios en algunos puedan frenar su promoción? Si, es así.

Quien tiene comportamientos resilientes es una persona con mucho humor, altamente creativa y sobre todo con una voluntad férrea (Locus de Control, el nombre técnico de los psicólogos). Los psicoanalistas en los 80 decían que las personas resilientes tenían perfiles de obsesivos compulsivos. Si te das cuenta, la voluntad puede ayudar al ser humano a revertir su situación y con esto lograr su meta. En la película “Mejor…Imposible”, Jack Nicholson representa a un obsesivo compulsivo. Desde sus actos obsesivos no llega a nada, su obsesión sólo le genera angustia, ¿te acuerdas ?. Por tanto, radicalmente diferente.

Un resiliente que quiere aprender un comportamiento, que lo quiere hacer propio, no es simplemente un obsesivo compulsivo, esta persona definitivamente tiene otro objetivo de vida, sus acciones tienen otro fin. Ahora, volviendo a esta idea o mito de la psicopatía, es parte de una reflexión mayor. También surgen miradas que apuntan al egocentrismo del resiliente (“¡yo salgo adelante!”). Siendo serios en el análisis, esto no siempre es así, ya que siempre hay un otro. Todo es interacción.

Existe un libro de un neurocientista bien romántico, quién me parece muy innovador y creativo, este autor habla de la sinapsis y dice que la sinapsis es sinónimo de comunicación entre neuronas, por lo tanto la sinapsis es social y busca compañía. Por lo mismo, si una neurona está sola se muere, neurona que no se usa neurona que muere. A la Resilencia hay que leerla como una sinapsis social, es una red altamente interactiva. La red es un componente fundamental para el desarrollo de la Resiliencia. Un ejemplo podría ser el rescate de los mineros (los 33 de Atacama): tenían una comunidad creada bajo la mina, en donde se vivía la esperanza, el humor… salieron de la mina y la comunidad se disolvió, todos volvieron a sus vidas individualistas. Se terminó lo vivido resilientemente aunque parezca contradictorio “bajo la tierra”.

Cuando se habla de Resiliencia en el equipo de CEANIM trabajamos con el  Yo puedo, Yo soy, Yo quiero, Yo Tengo:

Sí claro, mi postura es instalar el “nosotros” –nosotros podemos, nosotros somos, etc. Cuando trabajo con grupos también uso el “yo era”. Inicias una intervención y al poco tiempo notas cambios, entonces aparece la pregunta del ¿por qué yo ahora me siento mejor? Surgen las certezas: tengo esperanzas, me organizo, busco mis posibilidades, tengo mejor autoimagen… es decir, me comparo al cómo “yo era”.  Ejemplo: yo era triste, yo no lograba satisfacer mis necesidades, y así, poco a poco comparamos.  Pasa el tiempo y les decimos: “hoy yo soy” antes yo era, y después el reto es proyectarse, “¿y en el futuro qué serás?”

¿Y qué ocurre cuando haces esa pregunta?: ¿y en el futuro qué serás?

Surge la esperanza, aparece la proyección. Las personas se organizan para la acción. La esperanza es clave, si yo no tengo esperanza, ¿para qué continuo en este programa de intervención? El aporte de la Resiliencia es alcanzar el objetivo ya trazado para mi vida. Este puede ser mínimo, desde el punto de vista del interventor, pero para quien participa de esta intervención puede ser el máximo. El desafío es poner metas cortas. Un ejemplo, trabajando con mujeres privadas de libertad: en una ocasión, un día una de estas mujeres propuso bañarse todos los días. Con el tiempo ella reflexionaba: “Yo no me bañaba todos los días, ahora me estoy bañando, y mañana me bañaré ya que siento que esto tiene un sentido”. Si te das cuenta surge lo concreto, la ensoñación, la creación… todo.

¿Cómo se sostiene esa voluntad?, ¿cómo se hace para no volver a actuar en la forma que lo hacía anteriormente?

Estos esfuerzos tienen un tiempo, conlleva un proceso que no es de un día para otro. Es importante tener claro que la Resiliencia no es algo estable, por lo mismo yo no hablo de las personas resilientes, sino que hablo de las personas con comportamientos resilientes, que se hacen manifiesto o que permanece latente. Es importante entender que son diversos los factores que hacen aflorar o desaparecer la conducta resiliente en las personas género, cultura, contexto, cantidad de riesgos a los que se está sometido entre otros.

Habrán momentos en la vida que lo “normal” será no tener comportamientos resilientes, ejemplo, cuando alguien querido fallece. Cuando esto ocurre, visto desde una perspectiva psicológica, lo primero es sumir esta muerte como un verdadero quiebre en la vida, ya que la persona fallecida físicamente ya no está, desaparece. Obviamente yo me tengo que desorganizar ya que con esa persona despertaba todos los días, por años. Si tengo salud mental me tengo que “venir abajo”, ya que me falta la interacción, me falta el complemento, me falta la presencia.  

 ¿Cómo se construye Resiliencia colectiva?

El terremoto es un ejemplo. La Resiliencia comunitaria nos recuerda que sí podemos ser solidarios, y que solos es imposible salir adelante. Estas crisis pueden ser múltiples (catástrofes naturales, pérdidas de vida, fracasos mayores, etc.). Cuando el colectivo, es decir, la comunidad experimenta una crisis, el amor resulta un campo de acción mayor. Tú me dirás que soy muy idealista, definitivamente hay un ideal. Un día en un congreso fuera de Chile, le pregunté a una afamada investigadora de la India si quiénes trabajamos en la Resiliencia somos personas más emocionales, y me respondió que desde luego que sí. Esta investigadora es 100% empírica, pero sin pudor ni complicación validó el poder de la emoción. Definitivamente, quienes estamos en estos temas tenemos el “bichito” de la misión.   

¿Y cuál es la meta final?

Que todos los niños, independientemente de su origen social (o racial), tengan las mismas oportunidades en la vida.

María Angélica Kotliarenco se define como una mujer idealista y apasionada de sus temas (pobreza, Resiliencia, educación, entre otros). Al conversar unas pocas horas con ella, ese idealismo definitivamente se respira e impregna. Creer en el otro, validarlo, darle presencia y empoderarlo… son estos los senderos con los que esta mujer por décadas ha construido y reconstruido otras vidas. Desde este mirar gratuito y generoso la Resiliencia ha podido navegar por nuestras historias de vida para, en un momento determinado, concluir con años (y a veces décadas) de resignación y negación a la aspiración de una mejor existencia.

¡Gracias María Angélica! 

¡UN DÍA VOLVERÉ DE OTRO MODO! 

Llama la atención comprender cómo el triunfo y la derrota son dos instancias de crecimiento igual de válidas. Lo emocional, lo espiritual, lo intelectual y lo material, son finalmente, escenarios posibles en donde toda derrota se puede transformar tanto en un hundimiento como en un despegue. Eduardo Galeano en, El Libro de los Abrazos, plantea que “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”. (Galeano, 1989). Galeano con sólo un párrafo nos habla de la Resiliencia.

Stanislas Tomkiewcz, psiquiatra polaco, es parte de estos fuegos incendiarios de los que habla Galeano. A los 16 años ya había sobrevivido al infierno del Ghetto de Varsovia. Sus dos intentos de suicidio, su milagrosa huida en donde sólo él salvó con vida –su familia desapareció en los campos de concentración- y su estadía como prisionero en Bergen-Belsen, nos hablan de esta llama de vida resiliente. Fue la muerte, el dolor y la pérdida, las únicas compañeras de viaje para este niño, que con los años se transformaría en uno de los psiquiatras más renombrados internacionalmente, en lo que trabajó con niños autistas, discapacitados y jóvenes delincuentes respecta. En su libro “La adolescencia robada: Una vida de resistencia, Resiliencia frente a la adversidad”, el autor expone cómo él sobrevivió al horror nazi y, lo más importante, cómo aún está vivo y felizmente sanando a otros. Tomkiewcz es un curador de heridas, pero antes de curar, tuvo que sanarse él mismo. Este constructor de escenarios posibles, todos pensados para vencer las crisis y adversidades, se levantó de sus propias cenizas, para posteriormente crearse un futuro. Nada de lo que hoy es este psiquiatra, se justifica con la suerte o el azar. La Resiliencia fue su camino. “Pese a todo, tengo un muy buen recuerdo de ese mes de junio de 1945 en la Salpetrière (pos nazismo). Estaba bastante orgulloso de encontrarme ahí, aun en calidad de desahuciado, y por lo demás, no creí ni por un segundo que ahí moriría; la muerte, eso es para los otros. En voz baja, sentado a lo indio a los pies de mi cama, me decía: Un día volveré de otro modo…”. (Tomkiewcz, 2001). 

Fernando Véliz Montero (Chile)
Ph.D en Comunicación Organizacional ©, Coach Ontológico, Periodista, Diploma de Formación Acción en Indagación Apreciativa, Diploma en Estudios de Audiencias y Magíster en Comunicación. Conferencista para Colombia, Ecuador, Argentina, Venezuela, Paraguay, Uruguay, Perú y Chile. Autor de Resiliencia Organizacional (Gedisa) y Comunicar (Océano-Gedisa). www.fernandovelizmontero.cl

 

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