Cuentos cortos: Las luces del pasillo

. 23 de julio de 2012

Por kaco.

He tenido una gran suerte cuando mis padres me acostaban y me leían un cuento.

Mi padre un hombre especial nunca quería explicarme los cuentos, pues para él hacerlo quitaba los misterios y secretos que tienen.

Me acuerdo de uno en especial porque  no lo entendí hasta que no fui un poco mayor. Aun hay días que le encuentro más significados.

En un gran castillo, lleno de escaleras, grandes estancias, muchas habitaciones, un gran desván iluminado por grandes tragaluces donde todo lo que querías cabía, un gran sótano donde todo lo que no se quería se dejaba. Era extraño pues en el sótano también estaba uno de los lugares preferidos por los dueños, la sala de juego. Todo ello unido por largos e intrincados pasillos, que tenían diminutas  luces para los forasteros y grandes faroles para los dueños.

Allí  vivía un niño que no entendía como podía ser que unos días podía ver los pasillos con pequeñas luces  como los forasteros y otros los grandes faroles como los dueños. Unos días no sabía por donde ir de un lado a otro del castillo y otros días podía ir sin tropezar con nada.

Un día el niño preguntó al jefe de mayordomía ¿porque las luces de los pasillos eran diferentes unos días de otros? y así a su pregunta le respondió.

Por donde vas no importa pues eso no alumbra, a donde vas da luz pero no al camino y el camino se anda si sabes donde vas.

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