“Océano en crisis”. Cuaderno de bitácora. Día 973.

. 7 de julio de 2015

Por Marisa Ortiz Esteban

navegar

Sigo intentando mantener el rumbo Norte, pero los días que la tormenta arrecia escoro sin remedio por la fuerza del viento.

Todavía recuerdo aquel 11 de Octubre de 2012 cuando me ordenaron bajar del buque de mi empresa.  -Nos hundimos- decían. -Deberéis navegar cada uno a su suerte-.

Yo cogí mi embarcación con la esperanza de encontrar pronto tierra, o quizás otro buque que se mantuviese a flote.  Cargué a mi hija, mi hipoteca y mis ganas de trabajar y marqué rumbo Norte hacía el futuro. Sabía que no sería tarea fácil. El océano en crisis no ayudaría y los pocos buques que encontrara no tendrían demasiado sitio para alguno más en su tripulación.

Más de dos años y medio ya. He aprendido a navegar sola contra viento y marea. Hay pocos buques y ninguno me deja acercarme. Últimamente la radio dice que el océano está más calmado,  debe ser que me encuentro en otro hemisferio, porque yo no logro avistar tierra.

Los únicos que se me acercan son submarinos con marineros que dicen saber cómo me encuentro. Dicen que ellos tienen el remedio para que mis acercamientos a los grandes buques den fruto. Dicen que no sea joven sin experiencia ni que sea mayor y con demasiada; dicen que prepare las entrevistas al dedillo pero que sea tan natural como si no llevase nada preparado; dicen que no sea mujer con 45 años pero tampoco mujer joven y con cargas familiares, o casi mejor que no sea mujer; dicen que si no encuentras buques es porque no quieres cobrar unos escasos euros por navegar día y noche; dicen… Consiguen que lo poco que crea que tengo o que sé que soy se desvanezca, como si el hecho de haberme tenido que bajar de algún barco me hubiera hecho perder mi vida anterior y acabara de nacer. Es cuando llega la tormenta más violenta y mi nave maltrecha cruje al compás de las olas, pero entonces todos se alejan, tanto que ni siquiera los vislumbro tras el horizonte.

No obstante, cuando hay días en los que el mar me concede la tregua de la calma, intento visualizarme, y entonces me doy cuenta de que sigo aquí, contra viento y marea, y que  aún sirvo para mucho. Aunque los buques se alejen y no lo quieran ver. Aunque los días que arrecia la tormenta pueda parecer que me encuentro a la deriva. Todavía sigo marcando el Norte con el timón sujetándolo con todas mis fuerzas para que mi navío no vire.

Cuaderno de bitácora. Día 973.

Otro día más sin avistar tierra.

 

Marisa Ortiz Esteban
Navegante

 

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