Un buen líder no solo sabe la respuesta a la pregunta “¿hacia dónde?”, sino también “¿por qué?” y “¿para qué?”

. 16 de mayo de 2017

Por Roberto Celaya Figueroa 

Cuando hablamos de liderazgo a la mente nos viene esa capacidad para poder dirigirnos y dirigir hacia un objetivo, una meta, pero la palabra liderazgo, en su máxima expresión, no solo implica el mover hacia sino también con y a través de un sentido de vida.

Todos tenemos metas y objetivos en nuestra vida. Estos pueden ser de muy corto alcance y mucho muy básicos mientras que otros tal vez nos lleven toda la vida alcanzarlos y sean lo que podríamos decir trascendentales, independientemente de esto no sé si te has puesto a pensar cómo es que en muchas ocasiones andamos, me incluyo, corriendo de aquí para allá sin que nos detengamos un momento a pensar en el por qué y en el para qué hacemos lo que hacemos.

En ocasiones damos por sentado el por qué y el para qué de lo que buscamos. Si le preguntaras a diez personas de alguna de sus metas o de sus objetivos todas te dirían alguno y si les preguntaras del por qué y el para qué de eso que busca todas te darían una respuesta.

Pero generalmente esa respuesta más bien se acomoda para que nos tranquilice en cuanto al dinamismo que ya llevamos en la búsqueda de lo que queremos, es como si hubiésemos iniciado nuestro andar y una vez cuestionados sabemos cómo responder cuando más bien debimos haber pensado en el por qué y el para qué de nuestro andar antes de empezar el camino.

Pero no todo está perdido, lo ideal es pensar en el por qué y el para qué de lo que hacemos antes de comenzar a andar en pos de las metas y objetivos, pero si eso no es factible porque en ocasiones comenzamos nuestro camino y después reflexionamos en ello, ese pensar lo podemos hacer en cualquier momento de nuestra vida. Lo que sí está más que peor es que nunca nos detengamos a pensar en ello.

El poder reflexionar en el por qué y en el para qué de lo que hacemos es lo que le da sentido a nuestra vida y nos hace dueño y responsable de nuestras decisiones y nuestras acciones ya que independientemente de que existen factores que inciden en nuestra vida nuestro andar por ella es consciente.

En virtud de lo anterior te sugiero que tomes tres, dos o al menos una de las metas o de los objetivos más importantes que tengas en tu vida y reflexiones en el por qué o en el para qué de eso que persigues. Si es resultado no es satisfactorio tienes dos opciones: o cambias tu meta o tu objetivo o bien cambias las motivaciones, el por qué y el para qué, subyacentes en lo que estás procurando.

Está bien establecer objetivos y metas en la vida, pero eso está incompleto sino tenemos un sentido de vida, después de todo un buen líder no solo sabe la respuesta a la pregunta “¿hacia dónde?”, sino también “¿por qué?” y “¿para qué?”

 

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial – Gestión Universitaria – Liderazgo Emprendedor
www.rocefi.com.mx

 

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