Alumbrar, deslumbrar o brillar  ¿Cuál es la diferencia?

. 30 de marzo de 2017

Alberto Rodrigo

 Por Alberto Rodrigo

Me gustaría comenzar proponiendo la idea de que todos somos luz, que vivimos en un universo de luz y que hay “algo” ahí afuera que también es luz. Sugerirte que esa luz está dentro de cada ser y es nuestra libertad y hasta me atrevería decir, responsabilidad, hacerla presente en cada encuentro y momento de la vida.

Según las palabras de Edmund Burke, un antiguo proverbio chino dice: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”. Es una frase que siempre me ha impactado y que tiene varias lecturas. Os sugiero tres:

  1. Alumbrar: Es cuando permitimos que esa luz que llevamos dentro y que incluso recibimos salga con el propósito de iluminar el camino a uno mismo, a otros, o a situaciones que así lo requieren. Se puede producir de manera orgánica inconsciente, o de forma intencionada consciente, con el objetivo de hacer ver un camino donde antes no existía o no éramos capaces de ver. Una salida, donde había un muro, esperanza y sabiduría dónde sólo había incertidumbre.

Me gusta pensar que la fe es una visualización creativa que implica creer para crear. Y esta fe requiere luz, es imposible que se de sin ella.

He experimentado momentos muy críticos en mi vida donde puedo decir literalmente que la luz me ha guiado por caminos “escondidos” que nadie era capaz de ver, ni yo mismo; pero en el momento que alguien alumbró, pude moverme en esa dirección y tomar la decisión más sabia de mi vida.

También he experimentado el privilegio de poder alumbrar a otras personas que lo necesitaban, casi de manera inconsciente, natural, simplemente por estar conectado a la luz.

  1. Deslumbrar:Hay una definición de la RAE para este término que me encanta: “Deslumbrar es producir gran impresión con estudiado exceso de lujo”. Es ofuscar la vista por el exceso de luz. 

Y es que como bien dicen nuestros mayores, la clave está en el equilibrio.

Cuando pienso en la palabra –deslumbrar-, me viene a la cabeza la imagen del ego, de un cambio de foco, dónde lo importante no es necesariamente dar luz sino dejar claro que soy yo el que está lleno de luz y además quiero que lo veas. Normalmente este tipo de luz suele ser “eléctrica”, artificial, dependiente de demasiadas cosas materiales que tienen más forma o apariencia que fondo.

Y es que precisamente cuando somos deslumbrados nos produce una falta de visión, de claridad ante lo que tenemos delante de nuestros ojos. Es una luz que ciega, es como cuando vamos conduciendo por la noche y alguien que viene de frente se olvida de quitar las luces largas, nos impide ver nuestro propio camino, nos ciega por unos instantes y hasta puede llevarnos a salirnos de la carretera.

Pero, ¿por qué deslumbramos? Puede haber diversas razones, una de ellas nuestro ego, como mencionaba antes, esa necesidad de hacerme notable ante los demás, en ocasiones con una raíz de inseguridad que me lleva a querer mostrar lo que no tengo, para lo cual me es necesario “cegar” a los demás con un exceso de luz, así no ven cómo realmente soy (falta de auto aceptación).

También deslumbramos porque estamos aprendiendo a ser luz y a emitir esa luz. No hay intenciones malintencionadas en ello, es simplemente un camino de aprendizaje, como cuando un niño está aprendiendo a hablar y no calla.

  1. Brillar:Esta es muy parecida a la primera, a alumbrar y a veces se puede confundir la una por la otra. Pero quiero pensar que brillar quizás tenga que ver más con el resultado inconsciente, natural y a la vez espiritual de ser luz y vivir en esa luz. Brillar es aquello que nos hace marcar la diferencia, algo que no se puede comprar. Brillamos cuando estamos tan conectados a la vida y a la luz, que “sin quererlo” nos hacemos uno con ella. Es cuando sobran las palabras, cuando la sola presencia nos capacitan para ser luz. No es tanto una cuestión de cargarnos de luz y descargarnos, como lo hace un dispositivo electrónico; es más una IDENTIFICACIÓN con esa luz que ha llegado a formar parte de nosotros.

Brillamos cuando sonreímos, cuando amamos, abrazamos, empatizamos, generamos confianza, esperanza, paz; brillamos cuando somos vulnerables, nos amamos a nosotros mismos y a los demás sin juzgar; cuando perdonamos, agradecemos, miramos al cielo…

Y la mejor noticia que puedo daros es que todos y todas tenemos esta capacidad de alumbrar y de brillar, nacemos con ese potencial inherente en nosotros, porque somos un auténtico regalo.

Te animo y me animo a brillar, necesitamos esa luz.

 

Alberto Rodrigo
albertorodrigocoach.es

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